El trastorno Bipolar, tan cómico como dramático.

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Si algo he aprendido después de más de 5 años de haber sido diagnosticado con Trastorno Bipolar, es que a excepción de yo y mi psiquiatra todas las personas tienen una opinión y  una  mejor solución, cura y/o remedio para todo por lo que se sufre/disfruta (si, esto es el rollo bipolar) la vida con esta enfermedad.

Al principio creí que cualquiera sabía de lo que se trataba la enfermedad por lo que no tenía problema en aceptarla en sociedad, pensaba que sucedería lo mismo que si hubiera confesado tener cáncer. Silencios engorrosos, bendiciones y promesas de plegarias, novenarios y rosarios; o un “que mal pedo” de mis cuates cercanos, no fue así, mis cuates cercanos me decían… “cabrón al menos no tienes cáncer o sida o alguna enfermedad rara…”, los creyentes no se ofrecieron ni a “rezar por mi salud”, sino por el contrario externaron el clásico “bendito sea dios”, que en lenguaje impío significa “a bueno, entonces no es nada grave”.

Cuando les trataba de explicar de lo que se trata la enfermedad, las respuestas variaban desde, “pues trata de dormir bien”, “haz ejercicio” y hasta el máldito “tu échale ganas”. Nadie tuvo la sensatez y sabiduría para decirme…

“No te preocupes, solo tómate 300 mgs de litio por la mañana y 300 por la noche, 4mg de Aripiprazole, 450mgs de Wellbutrin, y 15mg de Zopiclone y 5 de Olanzapina  para dormir, con estos medicamentos, si tienes suerte te vas a mantener lo suficientemente estable para no pensar que tienes una idea tan revolucionaria que va a cambiar al mundo o por el otro lado sentir que te ahogas en un hoyo de dolor y desesperanza, donde la única solución para ti, en ese punto, es el suicidio, venga, venga, no pasa nada.”

Durante 19 años fui tan sano como el que más, no tengo una personalidad adictiva y aun cuando en mi círculo social, emborracharse hasta el punto de perder el habla y la verticalidad; de la sensatez ni hablamos; cada fin de semana era lo socialmente aceptado, nunca lo hice. Jamás consumí ni tabaco ni alcohol,  drogas  más fuertes y/o ilegales “cuantimenos”. Practicar más de dos deportes, era mi día a día.

El trastorno bipolar, esta enfermedad que afecta de forma inmisericorde  el estado de ánimo no discrimina estilo de vida alguno.

El trastorno bipolar, antes conocido como  psicosis maníaco-depresiva es un trastorno en la segregación de sustancias dentro del organismo los síntomas se reflejan en el estado de ánimo que se manifiesta por la presencia de hipomanía (o en casos más severos la manía) junto con episodios de depresión severa, que es un fuerte sentimiento de desesperanza sin razón alguna.

Anímicamente se tienen altas y bajas, en una persona que no sufre trastorno bipolar, estos estados  son causados por algo y su duración e intensidad son proporcionales al evento que los causo,  no así en los que padecemos esta enfermedad.

La hipomanía en los bipolares, es un cuchillo de doble filo ya que es un estado extremadamente placentero; dormir resulta innecesario, el deseo sexual aumenta exponencialmente y un sentimiento de bienestar extremo se apodera del estado de ánimo del enfermo. Esto hace casi imposible que alguien que se encuentra en este estado (hipomaniaco) busque (o acepte) ayuda alguna.

En mi caso, por unos meses dormir se convirtió en una pérdida de tiempo. No era necesario y mentir al respecto era una actividad cotidiana. Mi día normal era:

7 am Llegada a la Universidad

8 – 10 am clases

10am- 4pm Trabajar

6pm- 10pm Universidad

10pm regresar a la oficina y permanecer ahí hasta las 11, aunque en muchas ocasiones podía ser hasta la una de la mañana.

Regresar a casa para ir al gimnasio de 2am a 3 am, hacer tarea  hasta las 4 y media de la mañana, dormir un rato y a repetir la rutina el día siguiente

La falta de energía no existía, sí, el  exceso de esta. Mentir era necesario, nadie podía entender lo que me pasaba pero algo tenía seguro, no quería que parara.

El cerebro, como todos los demás órganos se puede enfermar, el problema de esto es que a diferencia de que los intestinos, el corazón, los riñones o cualquier otra parte vital de nuestro sistema deje de funcionar como es debido el resultado la  mayoría de las veces la enfermedad es anunciada con dolor físico, cuando el cerebro no funciona como debe el dolor es emocional, en la depresión y la parte afectada  es el estado de ánimo.

Controlar mis impulsos poco a poco se volvió imposible. Existía la convicción  que necesitaba hacer y/o tener algo en especial y hacía todo lo que estaba en mi poder por conseguirlo. Todavía me sentía bien. Un sábado  desperté con la única idea de subir a mi motocicleta y dirigirme  al norte (mi moto no estaba en estado ni de salir al Oxxo más cercano), horas, muchas, después, llegué a Saltillo, (aclaro que el origen fue la Ciudad de México) ni la lluvia me detuvo.

Como muchas  enfermedades graves, el trastorno bipolar es difícil de diagnosticar y  aún más difícil de tratar. El tabú que rodea a las enfermedades mentales en nuestra sociedad es uno de los principales problemas para su detección y tratamiento. La falsa creencia de que los medicamentos van a cambiar la personalidad de raíz detiene a los enfermos a no buscar ayuda médica. Una vez que se busca ayuda y se logra el diagnóstico,  el tiempo que tarda un psiquiatra en encontrar el “cocktail” de medicamentos necesarios puede frustrar a cualquiera y más a un enfermo mental ya que puede tomar anios en encontrar la combinación que te puede hacer funcional.

El apoyo de la familia, pareja y amigos es indispensable, sin embargo esto se dificulta ya que las personas con trastorno bipolar tienden a alejarse, voluntaria o involuntariamente, de la gente más cercana.

Los intentos de suicidio en pacientes con trastorno bipolar son extremadamente comunes.

He estado inmerso en depresiones tan fuertes que lo he intentado (suicidarme) 3 veces, dos a través de sobredosis y otra en donde estuve más cerca de lograr mi cometido.

Con tres intentos sin haber conseguido el objetivo, puedo asegurar que como suicida dejo mucho que desear me queda la tranquilidad que no soy el único. Mientras estuve internado en el Instituto Nacional de Psiquiatría, conocí gente con varios intentos, uno se  abrió las muñecas con una navaja, otro se aventó al metro con el afán de detenerlo (lo cual logró, el servicio se interrumpió por casi dos horas) algunos intentos pueden parecer cómicos,  un compañero con un sobrepeso brutal  se intentó colgar con una corbata (que se  rompió junto con la silla) dejando a mi cuate vivo y con un esguince de segundo grado en el tobillo, mi compañero de cuarto se tomo 8 red Bulls y tomo una clase de spinning con el fin de que su corazón se detuviera, no terminó la clase pero terminó vivo,  extenuado y siendo el “hazme-reir” del resto de sus compañeros que desconocían la razón de su ahínco.

 Un buen amigo se aventó de un 4to piso al concreto sin la intención de suicidio en su cabeza, solo sintió que era necesario hacerlo y lo peor, que podía hacerlo, esa forma de perder contacto con la realidad es una característica de manía.

Como mencione antes, hoy tomo litio dos veces al día, Aripiprazole, Wellbutriny Zopiclone. Esto es después de 3 años de tratar de encontrar la dosis adecuada. En el pasado he tomado Lamotrigina, Mirtazapina, Olanzapina, Seroquel, Acido Valporico, Modafinil y Trazedone. Tomar 12 pastillas al día con el fin de sentirte igual que las demás personas es cansado y deprimente. Lo importante es entender que no estás solo. La opción más fácil siempre va a ser darte por vencido pero después de un intento de suicidio o dos, entiendes que si tú te matas (dejando cualquier creencia religiosa de lado) tu dolor se acaba pero la gente que te ama (familia, amigos y/o pareja) tienen que vivir con el dolor que tu muerte acarrearía. Es por esto que he decidido luchar, tratar, tener la certeza que cuando estas abajo vas a subir y cuando estés arriba vas a bajar. Hay que entender, que como un diabético necesita insulina una persona con trastorno bipolar necesita medicamentos para sobrevivir también

Es importantísimo detectar los síntomas de esta enfermedad tan pronto como sea posible con el fin de evitar suicidios, intentos de suicidio, dolor emocional o acciones que puedan resultar de resultados muy graves. Pero, como hacer esto?

Antes de haber  sido diagnosticado yo no tenía idea alguna de lo que era el trastorno bipolar y peor aún, que yo lo padecía. Pase de ser un Súper Héroe a

  1. No poderme levantar a clase,
  2. Dejar de poder poner atención,
  3. Mi apetito desapareció de la noche a la mañana,
  4. Las cosas que me hacían feliz ya no lo lograban
  5. La actividad sexual, que en la eutimia (estado normal) es padre, que en la hipomanía es maravillosa, en la depresión es tan atractiva como atender comensales borrachos en un restaurant.
  6. Mis patrones de sueño estaban fuera de control.
  7. No poder leer.

En caso de detectar patrones de comportamiento similares en alguna persona cercana vale la pena indagar un poco más acerca de los cambios en su estado de ánimo. En mi caso me hubiera ahorrado mucho sufrimiento si alguien se hubiera dado cuenta de que lo que me sucedía no era, bajo ningún parámetro, normal.

Se deben romper los tabúes de las enfermedades mentales a través de la educación. Y apoyar a los enfermos mentales así como apoyamos a cualquier enfermo con cualquier otra enfermedad más “visible”. Es tan sencillo como preguntarnos, como nos gustaría ser tratados en caso de tener cualquier enfermedad? Mi respuesta es clara, me gustaría ser tratado como se trata a cualquier persona “sana”.