noviembre 19

UN VELORIO. (SOBRE UNA NUEVA -R-EVOLUCIÓN: CARTA ABIERTA A LOS MEXICANOS)

Queridos lectores,

Primeramente quisiera disculparme por mi silencio prolongado.

Hoy regreso no para hablar de temas del corazón como tal, si no de uno que lleva acosándonos por todos los medios por un tiempo. Les agradezco el tiempo y atención que le ponen a esta nueva publicación escrita por una servidora.

Como bien lo sabrán, el país se encuentra actualmente enfrentando un panorama de inestabilidad social, económica y política. Se ve, se lee y se siente un descontento generalizado. Temas que venimos cargando desde el inicio de nuestra historia siendo el joven país que somos, tales como la discriminación y la corrupción, siguen vigentes hoy en día. Y cuando se trata de echar culpas, los mexicanos somos expertos. Mientras que seguimos apuntando el dedo, buscando a los malhechores que han generado la metástasis actual en el país, mientras que seguimos buscando al doctor que nos va a curar de nuestra tremenda liviandad y enojo, vivimos en una inconformidad inerte. Cómoda.

No me voy a meter a los detalles que ya todos conocemos; sería redundante y sobre todo, cansado. Lo que sí quiero señalar es que, sinceramente, lo único que veo que ha causado tanta polémica es enojo, violencia, separación. Caos. No estamos llegando a soluciones reales ni estamos cerca de vivir en un Estado de Derecho. Odiar a la Gaviota y a Enrique Peña Nieto no va a eliminar la corrupción; criticar el vestido del 16 de septiembre de la Primera Dama no va a sanar el hecho de que, según la Organización de las Naciones Unidas, 7 mujeres son asesinadas al día en el país; satanizar el viaje a China del Sr. Presidente no va a cambiar el hecho de que las cifras de desaparición forzada son verdaderamente aterrorizantes y vergonzosas. Faltarle el respeto a nuestras instituciones no cambia el hecho de los niveles de analfabetismo y hambre que se viven en la República, no cambia la falta de armonía con las comunidades indígenas y la falta de equidad de género en todos los estratos y sectores de la sociedad. No sirve de absolutamente nada, sólo es una trampa para generar inestabilidad en el país. Para que los buitres gordos terminen de alimentarse con los cadáveres de todo lo bueno que muere día a día.

Dante Alighieri, en la Divina Comedia, condena a los que se mantienen neutrales en una crisis de moral a los rincones más oscuros del infierno. Pues ese infierno es aquello que se vive hoy en día, ese panorama de inestabilidad e incertidumbre que reina sobre una de las tierras más prostituidas del mundo. Y todos hemos participado en esa prostitución. Es ese infierno, ese cáncer, que hemos ido generando mediante neutralidad e indiferencia. No es mi visión un mundo donde nadie alce la voz, pero sí lo es un lugar donde la gente se une para hacerlo, se coordina para hacerlo y busca generar un cambio positivo, no sólo caos y violencia. Si el gobierno actual es un cáncer, nosotros y los que nos antecedieron hemos sido los “fumadores” que lo hemos creado a través de ignorancia, malinchisimo y segregación. Y pues claro, la verdad no peca, pero incomoda.

Esto que pasó en Ayotzinapa no es nuevo, lleva pasando muchos años en el país. Algunos de ustedes sabrán sobre la Guerra Sucia (como el caso de Rosendo Radilla), la masacre de Acteal, entre muchas otras historias de terror de las cuales no existe una consciencia real en el país. Aún estamos en pañales en muchos temas, y en específico me refiero a todo lo que respecta a derechos humanos. Pueden referirse a la información pública emitida por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, entre otros organismos internacionales, para informarse por ustedes mismos (ya es tiempo, ¿no creen?).

El reinado de la inconsciencia, voluntaria o no, de la mayoría de los ciudadanos se ha terminado. Hoy en día, con toda la presencia mediática al rededor de la tragedia ocurrida en Ayotzinapa (que puede estar bien o no manejada, pero no es mi tema), se ha creado una consciencia sobre una realidad incómoda de nuestro país. Esta gravísima violación a derechos humanos por parte del Estado, lamentablemente, no fue la primera, ni siquiera la más monstruosa, pero podría ser la última si actuamos con inteligencia. Ahora que los mexicanos están enterados de ciertas realidades que antes ignoraban, ya no hay vuelta de hoja. Ya no hay más “hacerse güeyes”, que nos gusta incluso un poco más que echar culpas. El cambio tiene que darse ahora, pero el odio y la violencia no son el camino. Nunca lo han sido.

No creo que pedir la renuncia del Sr. Presidente sea la solución como tal. Quitar a Peña Nieto pensando que será la solución a los males que nos aquejan no serviría realmente de mucho; sería como rasparle la punta al iceberg, un remedio superficial. Querer curar un cáncer con una aspirina. A la larga, solamente crearía una inestabilidad jurídica, política y económica en el país que probablemente no estemos listos a enfrentar; debilitaría al país a tal grado que los buitres que van ganando poder lentamente aprovecharían la oportunidad para saciarse con dos o tres cadáveres. No es cuestión de defender el gobierno de Peña Nieto; yo no vote por él, y lo digo abiertamente, pero es cosa de cada uno de nosotros poner de nuestra parte para tener un país digno. Porque, honestamente, el pueblo tiene el gobierno que merece. Existen deficiencias en la seguridad del país en todos los sentidos, pero el cambio debe empezar en casa; nosotros, como ciudadanos, tenemos el poder. Somos los potenciales médicos de nuestro país. Somos su óptima (y única) salvación. Como ciudadanos, es hora de hacer una introspección. En lo personal, sí creo que el gobierno necesita un cambio, pero uno de fondo. Lo que necesitamos es arrancar la mala hierba de raíz.

Yo, de primera mano, sé que hay mucha gente en el gobierno que cree en lo que hace. Que tiene principios, tiene ideales y cree en la ética y el respeto. Gente que va más allá de ser rescatable, gente que vale la pena. Pero lamentablemente, todo el sistema está podrido, y esto es un llamado a esas personas que pueden ser agentes de cambio para que alcen la voz. Es este momento donde pueden revolucionar este país. Sinceramente, le he dado mil vueltas a qué podemos hacer para sanar a nuestra herida nación, y un cambio de corazón y mentalidad es lo mejor que se me ocurre.

México necesita urgentemente una revolución, pero no una armada, si no una de pensamiento y de consciencia; necesita una identidad y su gente de cierto grado de nacionalismo (que, seamos honestos, la mayoría no tienen un gramo). Necesitamos amor por nuestro país y dejar de ver por privilegios y conveniencias personales. Salirnos del síndrome de los cangrejos en la cubeta, de la envidia y la avaricia desmedida y empezar a percatarnos de que si el mexicano que tengo en frente de mi no gana, yo no gano. Necesitamos empezar a tomar acción, dejar de quejarnos y dejar de echar culpas. Necesitamos que la gente con privilegios rompa su burbuja, que abandone Disneylandia por unos minutos para poder empezar a mover estas tierras. SUS tierras, a fin de cuentas. Es hora de dejar de prostituirnos. De eso depende, porque yo también ya #EstoyCansada, Sr. Murillo Karam, de vivir en un país donde reina la impunidad y corrupción. Donde la vida no vale nada. Si hay algo que me queda claro es que este país está lleno de gente buena que quiere triunfar y dejar un legado. Todos merecemos tener un nivel de vida digno.

Pero el cambio empieza desde dentro, no a punta de pistola.

Para muchas culturas, la muerte no es nada más que un renacer. Y justo por es, el México sin esperanza, al menos para mi, muere hoy mismo. Ese México enfermo, pobre, ignorante e impotente pasa a mejor vida para que sus ciudadanos le den un nuevo comienzo. Me atrevo a pedirte lo siguiente, si es que te viste movido por alguna de las líneas aquí escritas; vístete de negro el 20 de noviembre. Si estás de acuerdo, como una muestra de solidaridad, en honor a todos los inocentes que han perdido todo, hasta la vida misma, vístete de negro. En honor a la dignidad y respeto que como mexicanos se nos ha sido arrancada por tantos años, vístete de negro. En honor a tu compromiso renovado y nueva palabra con tu país, vístete de negro. Vístete de negro porque estamos de luto por las instituciones inservibles, porque ya estamos cansados de la ingobernabilidad, de la inequidad, de la indiferencia, de las injusticias, de la inseguridad, de la infamia en la que vive nuestro país.

Hoy debe haber una renuncia, debes pedirla a gritos. Una renuncia personal a tus malos hábitos como mexicano para empezar a generar un cambio por ti mismo.

Basta de mediocridad.

*** LAS OPINIONES AQUÍ EXPRESADAS SON PROPIAS DE LA AUTORA Y NO NECESARIAMENTE REPRESENTAN LAS DE LOS MIEMBROS QUE CONFORMAN LA PUBLICACIÓN DIGITAL “BEING NEW”